miércoles, 1 de agosto de 2012

Libre del último de los males


La maté… sin querer la tome entre mis manos y le quité la vida. Escuchaba sus gritos, mientras suplicaba clemencia. ¿Clemencia? ¿Cómo tenerla? Después de tanto tiempo, lágrimas y preocupaciones, daño demencial que ataca directo al alma, a ésa que dejaste casi inexistente, fracturada.

Sin buscarlo lo  logré, y en vez de sentir pena por su partida, una sensación de vacío se apoderó de mi ser.
Sí, finalmente me deshice de ti. Maldita esperanza que envenena, esperanza que te sumerge y a su vez te mantiene a flote. Esperanza de un imposible que hace que el tiempo se detenga cuando irónicamente sigue pasando igual de rápido. Ésa que envejece,  marchita y logra que te quedes inmóvil, esperando aquello que nunca llega

Acuchillé su esencia, pateé su nombre y escupí  en su espíritu. ¿Y yo? no puedo decir que quedé desesperanzada, finalmente estoy en el punto al que quería llegar, libre de emociones y sin ganas de volver atrás.

viernes, 27 de julio de 2012

2...1...0


Querer ser y ser, existir y vivir… Problemas. Política, economía, seguridad.. Yo... Yo… Más yo. Momento de ser intenso, vivir para serlo, no concebir existir sin drama, buscarlo así sea inventado. Sentir orgullo, ser orgulloso, negar el capricho y vivir en malcriadez. Mi radiografía. 

domingo, 22 de julio de 2012

Autómatas


Nacer, alimentarse, mantenerse respirando mientras duerme, crecer, sentarse, gatear, caminar, correr, seguir creciendo, son cosas para los que estamos determinados genéticamente, no hay pataleo.
Sin embargo, socialmente también venimos predeterminados, hablar para poder comunicarnos, ser espontáneos para hacer reír a los demás, ser bonito porque sino estás jodido, estudiar para que más allá de ser alguien, puedas encontrar a alguien; tener una casa, ropa fina con qué vestirte, joyas que te adornen, un carro que te traslade porque tus pies jamás serán suficientes, un sinfín de cosas que verdaderamente necesitamos, porque sino imagínate,¿Qué será de nosotros sin tan valiosas comodidades?
Predeterminados socialmente, quizás suene ilógico, pero ciertamente no lo es… Nos la pasamos en la búsqueda incesante de pertenencias, de aquello que nos hace “felices” así sea olvidándonos de existir.
Quizás, sólo en la juventud hedonista no nos preocupamos por esto, luchamos con fervor para mantener nuestras verdades y juramos solemnemente no ser igual a las masas porque están podridas, porque sus ideas están caducadas, porque es el tiempo de ser diferentes y estar orgullosos, porque tenemos 17 y no tenemos responsabilidades, la única es vivir y pelear, así sea con flojera, es nuestro momento de ser divergentes, aquellos estudiantes revoltosos donde sus ideales son su bandera.
Y esta sociedad, podrida sociedad, hace de las suyas, la madurez, ésa asesina enmascarada hace que nos vayamos convirtiendo sin darnos cuenta, en aquello que criticamos. Va mostrándonos que más fácil es seguir la corriente antes que pelear, (aunque esta vez prometiéndonos que actuaremos como ellos, pero de corazón seguiremos oponiéndonos) nos vamos adormeciendo y cuando despertamos, estamos sentados en nuestro sillón, frente a una computadora, siendo autómatas, realizando actividades por mero deber que por querer, como acto intrínseco no procesado, haciendo dinero porque el dinero es la felicidad, acumulando cosas “necesarias” para poder vivir “dignamente” y criticando a esos chiquillos mocosos que pelean sin “verdaderas” convicciones porque no saben de qué manera funciona la vida.
Al final creo que ellos están más claros que nadie, sólo que ahora no actuamos nosotros, sino ese villano enmascarado que se llama madurez, con su aliado infinito, comodidad.

miércoles, 18 de julio de 2012

Hielo seco


Y granizó en mi alcoba mientras en las afueras de mi recinto ardían calderas debido al infierno citadino… Creí que era una mentira, pero al salir sentía como mi piel, igual de congelada también, se evaporaba como lo hace el hielo al calor extremo…
Al final, vivimos en una ciudad de incoherentes, el clima no puede estar tan alejado de la realidad de sus habitantes… y sí, granizó en mi habitación,  porque después de todo, cuando no hay una realidad contundente que nos mantenga cálidos, todo se convierte en frío invernal o en calor que quema y necesitas apagar.

lunes, 14 de mayo de 2012

Hormo qué?



Para nadie es mentira que las mujeres somos un manojo de hormonas andante, nosotras lo sabemos, los hombres lo saben, sin embargo es incómodo escucharlo, nosotras detestamos que nos lo digan, y los hombres en un acto de venganza febril e impotente, suelen gritarlo a los cuatro vientos cuando no aguantan más nuestros estados de ánimo. Ésa bipolaridad pre, durante, y postmenstrual que nos ataca en todo momento, léase bien, en todo momento; a modo de desahogo, una descarga visceral para ellos, con ese sentimiento que viene del estómago, una pregunta instintiva, refleja, que no llega a ser razonada, sale de su boca sin darse cuenta ¿Qué, estás hormonal?.
Esta simple pregunta, desata respuestas más allá de un simple y conciso sí o no; va mucho más allá del entendimiento, va directo a nuestro mal humor genuino, a esa psicosis que sólo nos ataca cuando algo nos molesta, y comienza a retumbar en nuestras mentes, cual eco en lugar vacío, hormonal  ¿Que si estoy HORMONAL? Es la pregunta-respuesta que da paso a todo lo demás. He llegado a pensar que cada vez que ocurre un terremoto es un hombre haciéndole esta pregunta idiota a una mujer, y toda esa energía de la respuesta concluye en el movimiento de las placas tectónicas. Pobre del japonés al que se le ocurrió hacerle la pregunta a su mujer, todo lo que desató, maremoto, cambio de eje de tierra y peligro de contaminación nuclear.
Las mujeres somos seres dóciles mientras no nos fastidien, somos como lindos gatitos ronroneantes que nos gusta ser tratadas con cariño, el problema está en que no sabemos qué pequeño factor puede desencadenar nuestra ira.
Pongámonos una situación normal; Una pareja sentada viendo televisión en el sofá de la sala, un martes cualquiera a las 7 de la noche; ambos están viendo los cortes comerciales mientras esperan que den inicio a su serie, y de repente transmiten la publicidad de calzados zero (se puede escoger cualquiera al azar porque su mayoría contiene mujeres semi desnudas) en donde la protagonista no es Sandra Martínez sino, su trasero. La reacción normal del hombre, pongámoslo como típico macho venezolano, es hacer cualquier comentario vulgarsísimo que se le pase por la cabeza (comentario reflejo que no pasa por corteza cerebral) tal como “eso sí está rico” o un “yo si le _______ esas nalgas” dependiendo del estado de ánimo de la mujer, puede que haya o no una reacción adversa, y ese simple comentario falta de respeto, a una persona en una pantalla de tv, que no escucha ni se imagina nada, puede desencadenar que todos los trapitos que tenían tiempo sin salir, estén colocados nuevamente en el tendedero agarrando un buen baño de sol.
Estas reacciones no únicamente suceden con nuestras parejas, generalmente, las mujeres, al salir a la calle, somos víctimas de cualquier comentario sexista, vulgar, propinado por cualquier idiota que va pasando por la calle, y necesita decir algo realmente obsceno para sentirse más hombre y elevar sus niveles de testosterona.
Los obreros son los que se llevan el 1er lugar en esta batalla sin tregua masculina, debo decir, que por mucho son los más ocurrentes, inventando piropos que luego de escucharlos no nos quedan más ganas que irnos a nuestras casas a darnos un baño porque nos sentimos sucias.
En serio hombres, ¿Creen que nos lanzaremos encima de ustedes al preguntarnos el nombre y número de nuestra ginecólogo? (no necesito echar el chiste completo puesto que ya seguro lo han escuchado). Lo que provoca es salir a la calle con una metralleta en la mano, e irle disparando sin piedad, tal rambo, a todo aquél que se le ocurra decir algo. Aunque, debo acotar, que una vez caminando por la calle me gritaron “Flaca tírame un hueso para hacer mi sancocho” y debo aceptar que me sentí feliz, había pasado 3 meses en dieta y por lo visto, dio resultados, tuve incontenibles ganas de gritarle: Muchas gracias señor marginal, estuve a dieta 3 meses esperando únicamente a que me dijeran un piropo así, ¡Meta lograda!
Así como tampoco falta el típico exhibicionista que va por la calle mostrando su dote al desnudo y te llama “epa flaca, mira el regalito que tengo para ti entre mis piernas” ¿QUÉ? ¿En serio estás claro que es un REGALITO y lo muestras orgulloso por la calle? ¿Qué contestarle a ese desgraciado? La reacción más normal es correr tal niña despavorida (porque enserio lo estás) y alejarse del pervertido; pero se podría contestar también algo así como “Buenas tardes señor, veo que está teniendo un día bastante duro.”
No crean que nuestros estados de ánimo se van únicamente a la rabia genuina instantánea, también podemos pasar al llanto, siendo nuestros ojos la digna representación de las cataratas del Niágara, con un simple comentario por parte de alguien tal como “¿Estás más cachetona no?” Acto seguido nos vemos en el espejo y comenzamos a detallar cada mínima parte de nuestro cuerpo, usando nuestros dedos índice y pulgar como pinzas, con cara de haber estado viendo una película de terror, salir corriendo hasta la sala, encontrar a tu novio y gritarle a modo de pregunta en medio de un mar de lágrimas “¿goooordooooo estoy gooordaaaa?” Mientras agarramos el paquete de galletas o helado más cercano y lo comemos como desesperadas, calmando la ansiedad provocada por esa repentina e inoportuna revelación.
El hombre debe ser muy inteligente al responder, debe estar consciente de que de la respuesta que dé dependerá si tendrá un poco de acción en la noche, o si se irá a dormir al sofá o junto al perro; un consejo para los hombres: Busquen maneras de huir a la pregunta, siempre saldrán perdiendo e irán a dormir con el perro.
Con todo esto quiero enfatizar el hecho de que ser mujer no es fácil. Nuestra condición de mujer nos hace seres volátiles, frágiles a veces, fuertes y dominantes en otras, y sí, ciertamente la palabra que nos describe es hormonal, sin embargo, recuerden que al usar la palabra deben tener mucho cuidado, no queremos más terremotos ni tragedias naturales. 

miércoles, 8 de febrero de 2012

Crónica de una muerte anunciada (pero no de García Márquez)

                

Nadie ha dicho que convivir en pareja sea fácil, definitivamente no lo es. Desde muy temprana edad, por lo menos las mujeres, soñamos con aquél príncipe azul que vendrá a rescatarnos de este castillo custodiado por brujas y dragones, liberarnos de nuestra prisión para vivir libres mientras nos alimentamos de amor.
AMOR… vaya palabrita que se presta para conflictos, grandes alegrías, tristezas, molestias, obramos siempre en pro a ella, ya sea en su búsqueda, para lograr callarlo, o mantenerlo. Palabra que quita el sueño y desvive, que alimenta el alma o la destruye.
Toda la vida pensé que tenía un concepto bastante acertado de lo que era. Conocí el amor por primera vez a mis 18 años, 6 meses de una relación desenfrenada, y 1 año para lograr olvidarla. Un amor obsesivo y enfermizo que atentó contra mi bienestar, amor de adolescente desmedido que no sabe poner límites, un amor eterno que duró 6 meses. Allí descubrí que la eternidad también venía con fecha de caducidad.
A mis 20 volvió a tocar mi puerta, coqueteaba conmigo y yo me negaba a caer de nuevo, más que una bendición es una maldición, decía yo, lo da todo para luego quitarlo al poco tiempo, nada es lo suficientemente duradero, y mi emocionalidad no es de acero.
Como era de esperarse, caí seducida ante él, mis heridas fueron lamidas y cicatrizadas, volvía a ser una escultura nueva, las marcas de las resquebrajaduras no se notaban por fuera, sin embargo el miedo a perderlo todo estaba latente; aprendí a confiar,  y poco a poco fue desapareciendo, el amor aumentaba, era el hombre de mis sueños, el más atento y amoroso, el príncipe azul que describen en los cuentos.
Es aquí cuando comienza la verdadera historia del convivir en pareja. Mi inexperiencia bastante obvia en los asuntos del amor me hicieron creer que amar es poseer, es ocupar todo el tiempo de esa persona, todo espacio, ser dos en uno solo, y esa charlatanería barata que uno aprende entre novelas malas maimeras y cuentos sociópatas que terminan destruyendo vidas. La falta de libertad e individualidad nos fue acabando, y así fue como comencé mi propia crónica de una muerte anunciada.
Amar en libertad; ese es el ideal, pero qué difícil es llevarlo a cabo, una relación en donde sabes que existe el sentimiento, que las ganas de estar juntos están presentes, que hacen sus vidas por separado, pero acompañándose, no eres mío porque no soy tuya… Lograr la felicidad en base a ti, y no en alguien más. Ése es el ideal, y supongo que hasta que no logre alcanzarlo seguiré teniendo a mi sombra como compañera y amante nocturna