La maté… sin querer la tome entre mis manos y le quité la
vida. Escuchaba sus gritos, mientras suplicaba clemencia. ¿Clemencia? ¿Cómo
tenerla? Después de tanto tiempo, lágrimas y preocupaciones, daño demencial que
ataca directo al alma, a ésa que dejaste casi inexistente, fracturada.
Sin buscarlo lo
logré, y en vez de sentir pena por su partida, una sensación de vacío se
apoderó de mi ser.
Sí, finalmente me deshice de ti. Maldita esperanza que
envenena, esperanza que te sumerge y a su vez te mantiene a flote. Esperanza de
un imposible que hace que el tiempo se detenga cuando irónicamente sigue
pasando igual de rápido. Ésa que envejece, marchita y logra que te quedes inmóvil,
esperando aquello que nunca llega
Acuchillé su esencia, pateé su nombre y escupí en su espíritu. ¿Y yo? no puedo decir que
quedé desesperanzada, finalmente estoy en el punto al que quería llegar, libre
de emociones y sin ganas de volver atrás.