Y granizó en mi alcoba mientras en las afueras de mi recinto
ardían calderas debido al infierno citadino… Creí que era una
mentira, pero al salir sentía como mi piel, igual de congelada también, se
evaporaba como lo hace el hielo al calor extremo…
Al final, vivimos en una ciudad de incoherentes, el clima no
puede estar tan alejado de la realidad de sus habitantes… y sí, granizó en mi
habitación, porque después de todo, cuando no hay una realidad contundente que nos mantenga cálidos, todo se
convierte en frío invernal o en calor que quema y necesitas apagar.
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