lunes, 14 de mayo de 2012

Hormo qué?



Para nadie es mentira que las mujeres somos un manojo de hormonas andante, nosotras lo sabemos, los hombres lo saben, sin embargo es incómodo escucharlo, nosotras detestamos que nos lo digan, y los hombres en un acto de venganza febril e impotente, suelen gritarlo a los cuatro vientos cuando no aguantan más nuestros estados de ánimo. Ésa bipolaridad pre, durante, y postmenstrual que nos ataca en todo momento, léase bien, en todo momento; a modo de desahogo, una descarga visceral para ellos, con ese sentimiento que viene del estómago, una pregunta instintiva, refleja, que no llega a ser razonada, sale de su boca sin darse cuenta ¿Qué, estás hormonal?.
Esta simple pregunta, desata respuestas más allá de un simple y conciso sí o no; va mucho más allá del entendimiento, va directo a nuestro mal humor genuino, a esa psicosis que sólo nos ataca cuando algo nos molesta, y comienza a retumbar en nuestras mentes, cual eco en lugar vacío, hormonal  ¿Que si estoy HORMONAL? Es la pregunta-respuesta que da paso a todo lo demás. He llegado a pensar que cada vez que ocurre un terremoto es un hombre haciéndole esta pregunta idiota a una mujer, y toda esa energía de la respuesta concluye en el movimiento de las placas tectónicas. Pobre del japonés al que se le ocurrió hacerle la pregunta a su mujer, todo lo que desató, maremoto, cambio de eje de tierra y peligro de contaminación nuclear.
Las mujeres somos seres dóciles mientras no nos fastidien, somos como lindos gatitos ronroneantes que nos gusta ser tratadas con cariño, el problema está en que no sabemos qué pequeño factor puede desencadenar nuestra ira.
Pongámonos una situación normal; Una pareja sentada viendo televisión en el sofá de la sala, un martes cualquiera a las 7 de la noche; ambos están viendo los cortes comerciales mientras esperan que den inicio a su serie, y de repente transmiten la publicidad de calzados zero (se puede escoger cualquiera al azar porque su mayoría contiene mujeres semi desnudas) en donde la protagonista no es Sandra Martínez sino, su trasero. La reacción normal del hombre, pongámoslo como típico macho venezolano, es hacer cualquier comentario vulgarsísimo que se le pase por la cabeza (comentario reflejo que no pasa por corteza cerebral) tal como “eso sí está rico” o un “yo si le _______ esas nalgas” dependiendo del estado de ánimo de la mujer, puede que haya o no una reacción adversa, y ese simple comentario falta de respeto, a una persona en una pantalla de tv, que no escucha ni se imagina nada, puede desencadenar que todos los trapitos que tenían tiempo sin salir, estén colocados nuevamente en el tendedero agarrando un buen baño de sol.
Estas reacciones no únicamente suceden con nuestras parejas, generalmente, las mujeres, al salir a la calle, somos víctimas de cualquier comentario sexista, vulgar, propinado por cualquier idiota que va pasando por la calle, y necesita decir algo realmente obsceno para sentirse más hombre y elevar sus niveles de testosterona.
Los obreros son los que se llevan el 1er lugar en esta batalla sin tregua masculina, debo decir, que por mucho son los más ocurrentes, inventando piropos que luego de escucharlos no nos quedan más ganas que irnos a nuestras casas a darnos un baño porque nos sentimos sucias.
En serio hombres, ¿Creen que nos lanzaremos encima de ustedes al preguntarnos el nombre y número de nuestra ginecólogo? (no necesito echar el chiste completo puesto que ya seguro lo han escuchado). Lo que provoca es salir a la calle con una metralleta en la mano, e irle disparando sin piedad, tal rambo, a todo aquél que se le ocurra decir algo. Aunque, debo acotar, que una vez caminando por la calle me gritaron “Flaca tírame un hueso para hacer mi sancocho” y debo aceptar que me sentí feliz, había pasado 3 meses en dieta y por lo visto, dio resultados, tuve incontenibles ganas de gritarle: Muchas gracias señor marginal, estuve a dieta 3 meses esperando únicamente a que me dijeran un piropo así, ¡Meta lograda!
Así como tampoco falta el típico exhibicionista que va por la calle mostrando su dote al desnudo y te llama “epa flaca, mira el regalito que tengo para ti entre mis piernas” ¿QUÉ? ¿En serio estás claro que es un REGALITO y lo muestras orgulloso por la calle? ¿Qué contestarle a ese desgraciado? La reacción más normal es correr tal niña despavorida (porque enserio lo estás) y alejarse del pervertido; pero se podría contestar también algo así como “Buenas tardes señor, veo que está teniendo un día bastante duro.”
No crean que nuestros estados de ánimo se van únicamente a la rabia genuina instantánea, también podemos pasar al llanto, siendo nuestros ojos la digna representación de las cataratas del Niágara, con un simple comentario por parte de alguien tal como “¿Estás más cachetona no?” Acto seguido nos vemos en el espejo y comenzamos a detallar cada mínima parte de nuestro cuerpo, usando nuestros dedos índice y pulgar como pinzas, con cara de haber estado viendo una película de terror, salir corriendo hasta la sala, encontrar a tu novio y gritarle a modo de pregunta en medio de un mar de lágrimas “¿goooordooooo estoy gooordaaaa?” Mientras agarramos el paquete de galletas o helado más cercano y lo comemos como desesperadas, calmando la ansiedad provocada por esa repentina e inoportuna revelación.
El hombre debe ser muy inteligente al responder, debe estar consciente de que de la respuesta que dé dependerá si tendrá un poco de acción en la noche, o si se irá a dormir al sofá o junto al perro; un consejo para los hombres: Busquen maneras de huir a la pregunta, siempre saldrán perdiendo e irán a dormir con el perro.
Con todo esto quiero enfatizar el hecho de que ser mujer no es fácil. Nuestra condición de mujer nos hace seres volátiles, frágiles a veces, fuertes y dominantes en otras, y sí, ciertamente la palabra que nos describe es hormonal, sin embargo, recuerden que al usar la palabra deben tener mucho cuidado, no queremos más terremotos ni tragedias naturales.