lunes, 5 de diciembre de 2011

Un nuevo capítulo que se avecina, y éste que finaliza.


Para una persona que siempre ha tenido problemas en concluir etapas, el hecho de encontrar finales siempre resulta difícil, para mí es normal caer en ciclos infinitos, aunque sé que no es lo idóneo, estoy clara.

Las veces en que me ha tocado hacerlo es porque me he visto obligada, porque no hay más opción, no hay quien quiera dar más, porque me dejan libre a la intemperie, valiéndome por nadie más que por mí misma, y es a lo que más le temo. Encontrarme, conocerme, y no gustarme. Incluso hace años que no escribo sobre mí abiertamente, me he despersonalizado, me he convertido en alguien más, y dejé sedada esa niña temerosa, pero a veces, da indicios de querer despertar… como hoy.

Qué hacer cuando vives huyendo, y te encuentras frente a frente con la realidad? Mi mundo se desmorona ante mis ojos, y yo de manera desesperada, intento recolectar los pedazos y unirlos tal rompecabezas, confundiendo las historias y convirtiéndolo en un laberinto al que ni yo misma le encuentro salida a la vista.

Una comodidad engañosa, fastidiosa, que abraza mi costumbre y se niega a dejar ir lo que ya conozco, lo que he visto, olido y vivido. Un rechazo al cambio, pero de manera inexplicable, sed de experiencias nuevas, obviamente, manteniendo a mi lado lo ya experimentado… Hoy me encuentro viviendo una etapa de transición, finaliza mi vida como la conocí, finalizó mi vida como la idealicé, y se derrumba poco a poco el sentimiento que hacía que mi corazón diera vuelcos y me sintiera esperanzada. Definitivamente el final de un capítulo, uno muy triste en donde se prohíbe llorar, en donde verse débil y temeroso es el peor de los pecados… Un capítulo que tenía como regla ser feliz y sonreir, así sea de mentira.

Siendo totalmente sincera quiero gritar y ser abrazada, llorar como cuando me quitaban un juguete, quiero ser egoísta, aceptar ante un mundo sordo y ciego que tengo miedo, quiero ser protegida en tus brazos, en los tuyos, aunque ahora no tengas una cara reconocible, ni algún olor particular, quiero llorar en tu pecho y calmar mis pesares, quiero dormirme cansada e hinchada por las infinitas lágrimas que caerán por mis mejillas, quiero pararme en la mañana y mostrar mi rostro triste, que no será otra afirmación de que estoy tan viva como antes… Este cansancio poco a poco me va venciendo, cada día tengo menos energías de enfrentarlo, aun cuando sin derecho a remordimientos me paro de mi cama con ambos pies derechos, aún cuando sean unas pantuflas de fieltro.

Para agregárle más sinceridad a esto, reafirmaré el hecho de que no sé concluir historias, terminaré este escrito con un inicio… Érase una vez una mujer adulta que sabía lo que quería, aún cuando ni ella misma estaba enterada.

viernes, 2 de diciembre de 2011

De mis miedos y alegrías

Un sentimiento atípico que se desliza en mis pesares,
poco a poco se transforma de satisfactorio a duda que martilla mi razón.
Como lluvia que refresca y se convierte en tormenta, como tú y yo.
De mis deseos escondidos, de lo que ahora temo... de mis necesidades y defectos, de ti y de mí.
Porque calaste en mis sueños, y ahora, buscas maneras de huir de este delirio de felicidad,de esta realidad espeluznante e ineludible...
De mis anhelos y tus responsabilidades, de mi futuro y tu presente... De mí, de ti, de nosotros, de nadie.