miércoles, 8 de febrero de 2012

Crónica de una muerte anunciada (pero no de García Márquez)

                

Nadie ha dicho que convivir en pareja sea fácil, definitivamente no lo es. Desde muy temprana edad, por lo menos las mujeres, soñamos con aquél príncipe azul que vendrá a rescatarnos de este castillo custodiado por brujas y dragones, liberarnos de nuestra prisión para vivir libres mientras nos alimentamos de amor.
AMOR… vaya palabrita que se presta para conflictos, grandes alegrías, tristezas, molestias, obramos siempre en pro a ella, ya sea en su búsqueda, para lograr callarlo, o mantenerlo. Palabra que quita el sueño y desvive, que alimenta el alma o la destruye.
Toda la vida pensé que tenía un concepto bastante acertado de lo que era. Conocí el amor por primera vez a mis 18 años, 6 meses de una relación desenfrenada, y 1 año para lograr olvidarla. Un amor obsesivo y enfermizo que atentó contra mi bienestar, amor de adolescente desmedido que no sabe poner límites, un amor eterno que duró 6 meses. Allí descubrí que la eternidad también venía con fecha de caducidad.
A mis 20 volvió a tocar mi puerta, coqueteaba conmigo y yo me negaba a caer de nuevo, más que una bendición es una maldición, decía yo, lo da todo para luego quitarlo al poco tiempo, nada es lo suficientemente duradero, y mi emocionalidad no es de acero.
Como era de esperarse, caí seducida ante él, mis heridas fueron lamidas y cicatrizadas, volvía a ser una escultura nueva, las marcas de las resquebrajaduras no se notaban por fuera, sin embargo el miedo a perderlo todo estaba latente; aprendí a confiar,  y poco a poco fue desapareciendo, el amor aumentaba, era el hombre de mis sueños, el más atento y amoroso, el príncipe azul que describen en los cuentos.
Es aquí cuando comienza la verdadera historia del convivir en pareja. Mi inexperiencia bastante obvia en los asuntos del amor me hicieron creer que amar es poseer, es ocupar todo el tiempo de esa persona, todo espacio, ser dos en uno solo, y esa charlatanería barata que uno aprende entre novelas malas maimeras y cuentos sociópatas que terminan destruyendo vidas. La falta de libertad e individualidad nos fue acabando, y así fue como comencé mi propia crónica de una muerte anunciada.
Amar en libertad; ese es el ideal, pero qué difícil es llevarlo a cabo, una relación en donde sabes que existe el sentimiento, que las ganas de estar juntos están presentes, que hacen sus vidas por separado, pero acompañándose, no eres mío porque no soy tuya… Lograr la felicidad en base a ti, y no en alguien más. Ése es el ideal, y supongo que hasta que no logre alcanzarlo seguiré teniendo a mi sombra como compañera y amante nocturna

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